LA EVALUACION Y SU IMPORTANCIA
EVALUACIÓN DE LOS PROCESOS DE ENSEÑANZA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
La evaluación es un fenómeno de extraordinaria complejidad. por eso es preciso dar la bienvenida a una obra que pretende (y consigue) arrojar un poco de luz sobre las extensas tinieblas que aún rodean la teoría y la práctica evaluadora en las instituciones educativas. me alegra especialmente que este puñado de excelentes profesionales aplique el foco de la reflexión sobre la evaluación de los procesos de enseñanza y aprendizaje en la universidad. porque, frecuentemente, los profesores universitarios nos dedicamos a pensar en lo que sucede con la evaluación en otros niveles educativos, olvidando clarificar y profundizar en el sentido de nuestras concepciones y de nuestras prácticas evaluadoras. decía que la evaluación es un fenómeno complejo. y empieza siéndolo a través del lenguaje que utilizamos para nombrarla. si alguien va a la librería dilons de Londres y pregunta dónde puede encontrar libros sobre evaluación, probablemente recibirá una demanda de especificaciones. porque hay libros sobre assessment, accountability, appraisal, evaluation, self evaluation... sin embargo, en castellano utilizamos para todas estas modalidades el único término de evaluación. y el problema no es que no nos entendamos, es creer que nos entendemos. el lenguaje es como una escalera por la que subimos a la comprensión y a la liberación, pero por la que bajamos a la confusión y a la dominación. Hay, por ejemplo, quien confunde evaluación con calificación. este recorte semántico ha marcado muchas reflexiones sobre los procesos de evaluación de la enseñanza y, sobre todo, del aprendizaje. y, volviendo a la escalera, diré que existe el problema de colocarla en la pared equivocada. es decir que podemos utilizar la evaluación para fines inútiles o perversos y no para otros educativamente valiosos. se puede evaluar para clasificar, excluir, seleccionar, discriminar, jerarquizar, controlar y no para aprender, mejorar, comprender, motivar, dialogar y enriquecerse. No se puede entender la evaluación sin entender todo el proceso de enseñanza. porque la evaluación no es un adorno o un aditamento fina, desconectado de pretensiones, métodos y condiciones, sino una parte sustancial de la dinámica mediante la cual se adquieren las competencias. es también la evaluación un fenómeno complejo porque encierra dificulta- des poderosas para llevarla a cabo. no es fácil comprobar mediante la evaluación qué es lo que se ha aprendido, qué es lo que se ha conseguido, qué es lo que se ha logrado a través y a causa de la enseñanza. se han hecho estudios que demuestran que para que haya cierta objetividad en la corrección de ejercicios de ciencias hacen falta más de doce correctores. se podría pensar que, si de un problema de ciencias se trata, no habrá duda alguna en aplicar criterios, pero bastaría dar el mismo ejercicio a veinte correctores para darse cuenta de la gran variedad de patrones que se aplican. y me estoy refiriendo a una pequeña parcela de la evaluación, dejando otras no menos importantes: ¿era eso lo verdaderamente importante del aprendizaje?, ¿para quién?, ¿se había trabajado de forma conveniente?, ¿se comprueba así lo más relevante y significativo de lo aprendido?, ¿está bien planteado el problema?, ¿se ha dispuesto del tiempo necesario para realizarlo?, ¿ha participado el alumnado en el proceso de selección, de aplicación y de discusión de criterios?... dejo al margen otros factores que influyen en la corrección y que no se suelen tener en cuenta: calidad del ejercicio anterior al que se corrige, estado de ánimo del evaluador/a, trayectoria del evaluado/a... para ejercicios de letras harían falta más de cien evaluadores. pero hay otra fuente de complejidad todavía más problemática. me refiero al componente atributivo que encierra la evaluación. una cosa es decir si se han logra- do los objetivos, si se han alcanzado las competencias, si se han hecho los aprendizajes y otra explicar por qué causas no se han alcanzado. estas explicaciones son importantes y, frecuentemente, se plantean de manera muy poco rigurosa y, por ende, muy interesada. los profesores solemos explicar que los alumnos y las alumnas no han aprendido porque son vagos y torpes o porque están desmotivados o distraídos, porque tienen problemas graves y distractores poderosos... de esa manera cerramos la puerta a la mejora de nuestra práctica. Recuerdo que Ken Bain dice, en su libro “los mejores profesores universitarios” que estos profesionales fuera de serie “nunca atribuyen a sus alumnos las dificultades que encuentran en el aprendizaje”. por eso están en condiciones de mejorar lo que hacen. Hay más complejidad. procede de las condiciones en que la práctica se desarrolla. si hablamos de la evaluación de alumnos y alumnas, tendremos que reconocer que una clase masificada encierra una dificultad extrínseca, pero muy fuerte para hacer una evaluación de calidad. la complejidad se multiplica cuando nos detenemos en el mundo oréctico, en la esfera de los sentimientos. se ha explorado poco en esa dimensión que considero importante. ¿Cómo viven los protagonistas la evaluación? ¿Qué sentimientos tienen los evaluadores/as y los evaluados/as? ¿desde qué actitud se aborda la preparación, el ejercicio y los resultados de la evaluación? ¿Cuánto se sufre al hacerla o al recibirla? también es extrínseca, pero no menor, la complejidad del asentamiento de muchas rutinas en la docencia universitaria. porque la rutina es el cáncer de la calidad en las instituciones. se arrastran muchas prácticas deficitarias en racionalidad y en contenido educativo. muchos evalúan como han sido evaluados y como evaluaban en años anteriores, sin cuestionarse, sin poner en tela de juicio las prácticas. un decisivo problema de la evaluación es el referido al poder que encierra. ¿Cómo se usa? ¿en beneficio de quién? He dicho y escrito alguna vez que la evaluación más que un fenómeno técnico es un fenómeno ético. y que, más importante que hacer mucha evaluación e, incluso, más que hacerla bien, importa reflexionar sobre los valores que desarrolla o los que conculca. es preciso saber a quién beneficia y a quién perjudica la evaluación. y, finalmente, para no extenderme demasiado, una fuente de complejidad de gran calado. me refiero a los componentes de la cultura neoliberal que hoy nos invade: individualismo, competitividad, obsesión por la eficacia, relativismo moral, olvido de los desfavorecidos, imperio de las leyes del mercado, reificación del conocimiento, hipertrofia de la imagen... en ese contexto, que impregna concepciones, actitudes y prácticas, es difícil emprender una auténtica evaluación, una evaluación atenta a la esfera de los valores.
BIBLIOGRAFIA
Valdivia Ruiz, F. (2016). Evaluación de los procesos de enseñanza-aprendizaje en el ámbito universitario. Málaga, Spain: Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga.
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